nuestros desafíos

LOS PIONEROS

 

LOS PRIMEROS “HOMBRES PÁJARO”

En la historia de la caída libre siempre ha habido hombres y mujeres empujando los límites hasta conseguir logros que la mayoría creían imposibles.
En los primeros tiempos del paracaidismo, nadie sabía como usar su propio cuerpo para controlar la caída libre. La idea original de los monos de alas surgió como un intento de controlar y estabilizar al saltador durante su caída hacia la tierra. Los pioneros de los saltos con monos de alas construían sus alas con madera, metal y lona, y fueron los primeros “hombres pájaro”. Para dar espectáculo ante el público en sus demostraciones, solían abrir bajo y en muchas ocasiones terminaban matándose a sí mismos.
Los más conocidos de está primera generación de “hombres pájaro” fueron Clem Sohn, Rudolph Boehlen conocido como “el señor de la muerte” y Harry Ward.
Clem Sohn fue el más famoso de los numerosos especialistas americanos y construyo sus “alas de murciélago” en brazos y piernas, con lona y varillas metálicas para darles rigidez. Clem murió durante un salto de exhibición en Villacoubly (Francia), el 25 de abril de 1937, cuando su paracaídas sufrió una “vela romana” y no se abrió correctamente. Llego a abrir su paracaídas de reserva pero este se enredó con el principal. Otros muchos “show jumpers” americanos utilizaban los monos de alas para sus exhibiciones, entre ellos Maos Morgan y Tommy Boyd.
Harry Ward, “el hombre pájaro de Yorkshire”, era el saltador líder en Inglaterra en los años 30. La primera vez que utilizó un mono de alas, ya era un experimentado paracaidista de demostración y experto titulado en reparación de paracaídas. Realizó su primer salto de alas en 1936 y con alguna práctica llego a ser capaz de caer estable, hacer giros y desplazarse horizontalmente durante la caída libre con sus alas semirígidas de madera y tela. Sus alas estaban diseñadas de tal manera que le permitían soltarlas antes de tirar de la anilla. Totalizó nueve saltos con sus alas.
Excepcionalmente, Harry Ward fue uno de los pocos hombres que sobrevivieron al juego de los “hombres pájaro”, y murió en julio de 2000 a la respetable edad de 97 años.

LOS “HOMBRES PÁJARO” DE LOS 50 Y 60

Al principio de los 50 el uso de alas metálicas o de madera se abandonó prácticamente en su totalidad para dar paso a alas construidas en lona o seda. Esto hizo que los saltos con alas fueran un poco más seguros.
Los “hombres pájaro” más conocidos de esta etapa fueron Leo Valentín, Pierre Mas, Santo Rinaldi, los hermanos Masselin y Jean Durand.
Leo Valentín fue probablemente el más famoso de todos ellos, y además de “hombre pájaro”, puede ser considerado como el responsable del desarrollo del paracaidismo como deporte.
Realizó su primer salto en 1938 con el Ejercito del Aire en Baraki (Argelia) y realizó cientos de saltos después de este. Esto le permitió ser capaz de caer en una posición estable (la posición de Valentino es una posición arqueada y en delta) tanto de cara como de espaldas al suelo, y realizar giros y toneles.
Valentino realizo su primer salto de alas en el aeropuerto de Villacoublay, con unas alas confeccionadas en lona; pero este salto no le resultó satisfactorio ya que no consiguió ningún desplazamiento horizontal. A partir de este momento construyo una serie de alas rígidas que probó en el túnel de viento. Se pensó que con estas alas podría recorrer alguna distancia en el aire.
Leo Valentín murió en 1956 cuando al golpear durante la salida una parte de sus alas contra el avión del que saltaba, entro en una barrena de la que no pudo salir, y que provocó una malfunción en su paracaídas.
En Finlandia, Viktor Androsov (Andro) del “Lentosirkus Pilvien Huimapäät” (El Circo Aéreo de los Temerarios de las Nubes) era uno de estos “hombres pájaro”. Murió en su primer salto con mono de alas en Jämi (Finlandia). La razón de este accidente fue que la gran superficie de lona de sus alas le impidió encontrar la anilla y abrir su paracaídas. Antes del salto sus compañeros le sugirieron que abriera un agujero en las alas y pasara la anilla a través del mismo, pero se negó a hacerlo.
Desafortunadamente, entre 1930 y 1961, 72 de los 75 “hombres pájaro” originales murieron tratando de romper las barreras del VUELO HUMANO.

LOS “HOMBRES PÁJARO” DE LOS 80 Y 90

Christoph Aams de Alemania estuvo experimentando con monos de alas y otros diseños al final de los 80 con la idea de mejorar sus desplazamientos horizontales en caída libre. La apariencia de su mono era como la de una ardilla voladora, y a pesar de que le permitía estar mayor tiempo en caída libre, no consiguió incrementar su velocidad de avance.
A mitad de los 90, el legendario paracaidista francés Patrick de Gayardon, empezó a saltar con un mono construido por él mismo que le permitió volar como nadie había volado antes. La innovación de Patrick consistía en colocar unas alas similares a los paracaídas entre sus brazos y su cuerpo y entre sus piernas. Estas alas se llenaban de aire durante la caída libre y creaban un perfil alar que le permitieron volar como un pájaro sobre Hawaii y otros lugares exóticos. Desafortunadamente Patrick murió el 13 de abril de 1998 cuando estaba saltando con sus alas. La razón causante de este accidente fue una modificación que estaba realizando en su equipo y que causó una malfunción en su paracaídas. De cualquier manera el sueño del vuelo humano no murió con él.
En 1988 el paracaidista finlandés Jari Kousma junto al croata Robert Pecnik se unieron en el sueño común de construir un mono de alas seguro, que permitiera un buen rendimiento, y comercializarlo, de manera que cualquier paracaidista experto pudiera volar y disfrutar con él. Su primer producto se llamó “BirdMan-suit” en recuerdo de los hombres pájaro pioneros.
Desde entonces otros fabricantes se han unido a esta idea, y los diseños son mejorados manteniendo la misma idea de volar más tiempo y más lejos con el propio cuerpo.
En 1998 el saltador británico Adrian Nicholas estableció una marca de 16 km. y 4’ 55” de vuelo humano. El infortunio de los “hombres pájaro” toco también a Adrian que falleció en septiembre de 2005 en un accidente en el aterrizaje con su paracaídas.
El 23 de junio de 2005 Santi Corella, Toni López y Álvaro Bultó componentes del Proyecto Alas, conseguían cruzar el Estrecho de Gibraltar desde Marruecos hasta España, realizando un vuelo de 6’ 00” y 20,448 km; lo que supone el vuelo humano mas largo de la historia.